El curry de garbanzos es de esos platos que demuestran que cocinar sin complicarse la vida puede quedar buenísimo. Viene de la tradición de la India, donde los garbanzos guisados con especias, el famoso chana masala, llevan siglos formando parte de la comida de cada día. Con las rutas de especias, esta forma de cocinar las legumbres cruzó fronteras, y hoy cada rincón del mundo tiene su propia versión con los ingredientes de la zona.
Este plato sirve para casi cualquier ocasión: una cena de entre semana, una comida con amigos vegetarianos o para llevarte al trabajo en tupper. Y ojo, porque el curry de garbanzos gana muchísimo con las horas de reposo, así que es perfecto para cocinar con antelación y disfrutarlo al día siguiente con un sabor aún más profundo. Si andas buscando un guisado vegetariano que llene de verdad, este es tu plato.
En cuanto a lo bueno que tiene: los garbanzos aportan un montón de proteína vegetal y fibra, y la cúrcuma y el jengibre suman sus propiedades antiinflamatorias. Es un guisado barato, saciante y muy completo, ideal si quieres comer bien sin pasarte horas en la cocina. Vamos, que convence hasta a quien no es muy de verduras.
En mi casa, este curry se volvió un clásico gracias a un viaje: una amiga que pasó un año en el norte de India voló de regreso con las especias impregnadas en la maleta y en la memoria. Aquella primera tarde cocinamos juntas, ella contando anécdotas de los mercados de Delhi mientras el aroma a comino y cúrcuma llenaba la cocina. Desde entonces, la receta se repite cada mes con pequeñas variaciones, aunque el final siempre es el mismo: platos vacíos y sonrisas en la mesa.
A la hora de servir, este curry de garbanzos va de maravilla con un arroz basmati recién hecho, que absorbe la salsa y equilibra el picante. También con pan naan o chapati para mojar, o con una ensalada sencilla de pepino y yogur que aporta frescura. De beber, el clásico es un lassi de mango, aunque un vino blanco con buenos aromas o un té frío de jengibre también funcionan muy bien.
Las sobras aguantan en un táper hermético en la nevera hasta 4 días y, de hecho, al día siguiente están aún más sabrosas. Para recalentar, hazlo a fuego suave y añade un chorrito de agua si la salsa ha espesado demasiado. También puedes congelarlo hasta 3 meses, aunque mejor sin las espinacas: añádelas frescas cuando lo recalientes.
Las variantes son casi infinitas: si quieres más proteína, añade tofu firme salteado o un poco de pollo troceado junto a las verduras. Para que pique más, cambia el pimentón dulce por cayena o echa una guindilla fresca picada junto al ajo. Y si no tienes leche de coco, una mezcla de yogur natural con un poco de nata ligera te deja una salsa cremosa y de sabor más suave.
Curry de garbanzos casero: cremoso, fácil y con sabor de verdad
Descripción
Guisado Vegetariano de garbanzos con leche de coco, listo en 55 minutos. Cremoso, económico y con un sabor de escándalo.Ingredientes
Preparación
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Antes de ponerte al fogón, deja todo a mano: pica la cebolla bien fina, pica los ajos, ralla el jengibre y corta el pimiento rojo en tiras. Tenerlo todo listo te facilita mucho la vida, porque las especias no esperan a nadie.
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Escurre y enjuaga los garbanzos con agua fría para quitarles el exceso de sal y almidón del líquido del tarro. Déjalos escurrir en un colador mientras haces el sofrito.
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Calienta las 2 cucharadas de aceite en una cazuela amplia a fuego medio durante 1 minuto. Echa la cebolla picada y sofríe 6-7 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que esté transparente y empiece a dorarse en los bordes.
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Añade el ajo picado y el jengibre rallado. Cocina 2 minutos removiendo sin parar, solo hasta que suelten su aroma. Que no cojan color, porque amargarían.
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Suma las tiras de pimiento rojo y cuécelas 5 minutos a fuego medio, hasta que estén un poco blandas pero conserven algo de textura.
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Baja el fuego y agrega el comino, la cúrcuma, el garam masala y el pimentón. Remueve sin parar durante 30-45 segundos para tostar las especias y que suelten sus aceites esenciales.
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Consejo: Ojo con este paso, que las especias molidas se queman en un suspiro. Si ves que el fondo de la cazuela se queda seco, echa un chorrito de agua antes de que se doren demasiado, porque eso amargaría el curry final.
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Vierte el tomate triturado y cocina 5 minutos a fuego medio, removiendo de vez en cuando. Sabrás que está listo cuando la salsa se oscurezca y el aceite empiece a separarse en los bordes: ese es el punto justo de sofrito.
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Añade la leche de coco y remueve bien hasta que quede una salsa homogénea de color dorado intenso. Espera a que rompa a hervir a fuego medio-alto.
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Incorpora los garbanzos escurridos, baja el fuego al mínimo, tapa la cazuela y cocina 20-25 minutos, removiendo cada 8-10 minutos para que no se pegue en el fondo.
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Consejo: ¿Te gusta la salsa más espesa y cremosa? Machaca unos cuantos garbanzos con el reverso de la cuchara en los últimos minutos de cocción. El almidón que sueltan espesa de forma natural, sin trucos raros.
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Echa las espinacas frescas y cocina destapado 3-4 minutos, hasta que se marchiten del todo y se integren en la salsa.
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Apaga el fuego, añade el zumo de limón y prueba de sal y pimienta. Ese toque ácido despierta todos los sabores, así que pruébalo antes de servir y ajusta si hace falta.
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Consejo: Deja reposar el curry 5 minutos con la tapa puesta antes de servir. Ese descanso tan corto hace que los sabores se asienten y la salsa quede en su punto.
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Sirve bien caliente con cilantro fresco picado por encima.