Este guisado de carne con pepino es de esos platos que sorprenden a más de uno. El pepino lo solemos ver en ensaladas o en preparaciones frías, ¿verdad? Pues aquí va directo a la cazuela en el último tramo de la cocción, y el resultado es una textura fresca que equilibra lo contundente de la carne de res. En muchas casas del campo esta receta pasa de madres a hijas, porque el pepino de la huerta siempre se aprovechaba en todo lo que se cocinaba.
Es un plato perfecto para el almuerzo de fin de semana, para cuando llegan visitas sin avisar o para esos días fríos en los que se antoja algo de cuchara pero sin caer en lo pesado. Y un detalle a su favor: cocínalo con tiempo, porque reposado sabe todavía mejor.
Otra ventaja es que sirve cualquier corte económico de res: con la cocción lenta queda blandito y jugoso igual. El pepino aporta frescura e hidratación, y hace que el conjunto no se sienta tan pesado como otros guisos, pero sin quedarse corto.
A mí este guisado de carne me transporta a la cocina de mi abuela. Ella repetía siempre lo mismo: «el pepino en el guisado es el secreto que nadie adivina, pero todos elogian». Sus invitados daban vueltas tratando de descifrar aquel sabor distinto, y ella no decía nada, solo sonreía mientras servía las raciones.
Sirve este guisado de carne bien caliente, acompañado de arroz blanco, frijoles de la olla o tortillas recién hechas. También va de lujo con pan artesanal para mojar en la salsa, y un chorrito de limón al momento le da un empujón al sabor del pepino.
Si te sobra (suele pasar), guárdalo en un recipiente hermético en el refrigerador hasta 3 días. Para recalentarlo, hazlo a fuego suave y añade un poco de caldo si la salsa espesó demasiado. Eso sí, mejor no congelarlo si quieres que el pepino conserve su textura firme.
Guisado de carne con pepino casero: tierno, sabroso y fácil
Descripción
Este guisado de carne con pepino casero queda tierno y fresquito. Listo en 1 hora 30 minutos para 4-6 personas. Perfecto para el almuerzo familiar.Ingredientes
Preparación
-
Primero seca bien los trozos de carne con papel de cocina y sazona con sal y pimienta sin miedo. Este paso parece menor, pero es clave para que la carne dore como debe.
-
Calienta el aceite en una cazuela grande a fuego medio-alto, más o menos un minuto. Echa la carne en una sola capa y séllala por todos lados hasta que dore, unos 3-4 minutos por lado. Sácala y reserva.
-
En esa misma cazuela, sin lavar, sofríe la cebolla picada unos 5 minutos hasta que esté transparente. Así aprovechas todos los sabores que dejó la carne en el fondo.
-
Añade el ajo picado y cocina un minuto más, moviendo sin parar para que no se queme y amargue el guiso.
-
Ahora van el tomate triturado, el comino, el orégano y la hoja de laurel. Deja cocer unos 5 minutos, hasta que el tomate oscurezca y la salsa espese un poco.
-
Regresa la carne sellada a la cazuela, vierte el caldo de res y sube el fuego hasta que rompa a hervir.
-
Baja el fuego a medio-bajo, tapa la cazuela y cocina 40 minutos, removiendo cada 10 minutos para que la carne no se pegue en el fondo.
-
Tip: Si notas que el caldo se consume demasiado durante la cocción, agrégale un chorrito de agua caliente para que la salsa no quede muy espesa.
-
Añade la zanahoria y la papa, tapa de nuevo y cocina 15 minutos más, o hasta que las verduras cedan al pincharlas con un tenedor.
-
Mientras se cocinan, corta los pepinos en cubos y échalos en un colador con una pizca de sal. Déjalos escurrir 10 minutos para que suelten el agua que sobra.
-
Echa los pepinos ya escurridos a la cazuela y cocina destapado unos 8-10 minutos. Deben quedar tiernos pero con textura, sin deshacerse.
-
Tip: Echar el pepino al final es el secreto de esta receta. Si se pasa en el fuego, pierde su frescura y queda blando.
-
Saca la hoja de laurel, prueba y ajusta la sal y la pimienta, espolvorea el cilantro picado y deja reposar 5 minutos antes de llevar a la mesa.