El guisado vegetariano de verduras —el guiso de toda la vida— es de esos platos que te trasladan directamente a la cocina de la abuela, esas recetas de aprovechamiento que nacieron en las cocinas campesinas y que se han ido pasando de generación en generación. En muchas regiones de España y Latinoamérica se preparaba a principio de semana, cuando la familia volvía del mercado con la compra fresca, y cada cocinera le echaba las verduras de temporada que tuviera a mano. De ahí salían tantas versiones del mismo plato reconfortante.
Esta versión sin carne va genial para los almuerzos familiares del fin de semana, para las cenas frías de invierno o simplemente para cuando buscas una comida completa, nutritiva y que no te rompa el bolsillo. Y como es tan fácil de hacer, también es perfecta si estás empezando en la cocina: no necesitas técnicas raras ni ingredientes difíciles de conseguir.
Entre lo bueno que tiene, destaca su buena carga de fibra, vitaminas y minerales, y además es un plato ligero pero que llena de verdad. Al no llevar carne, cuesta bastante menos, así que es una opción estupenda para estirar el presupuesto del mes sin quedarte sin sabor. Las verduras aportan color, textura y ese dulzor natural tan rico, y el sofrito tradicional le da ese fondo de sabor profundo que caracteriza a los grandes guisados.
Recuerdo que en casa de mi abuela el guiso de verduras nunca faltaba los viernes de vigilia, y siempre me repetía que «un guiso paciente sabe mejor que uno apresurado». Ahí está justamente la clave de esta receta: darle tiempo a cada ingrediente para que suelte todo su sabor y el conjunto acabe siendo uno de esos platos que te confortan el alma.
Sirve el guisado vegetariano bien caliente en platos hondos, con perejil fresco por encima. Acompaña de maravilla con arroz blanco, un buen pan rústico para mojar en la salsa o incluso con unos tacos de tortilla si le quieres dar un toque mexicano. Para beber, un tinto joven fresquito o un agua de jamaica bien fría le van de lujo a las verduras.
Las sobras aguantan en un recipiente hermético dentro del refrigerador hasta 4 días, y de hecho este guiso sabe aún mejor al día siguiente, porque los sabores se intensifican. Al recalentarlo, añade un chorrito de agua o caldo si ha espesado demasiado. También puedes congelarlo hasta 2 meses en porciones individuales. Si quieres variar, prueba a echar una guindilla para una versión picante, añade 150g de setas para un sabor más terroso, o cambia los garbanzos por lentejas cocidas. A quien le guste la carne puede agregarle chorizo en rodajas, aunque esta versión sin carne ya es, por sí sola, un plato completo y de diez.
Guisado vegetariano de verduras casero y económico
Descripción
Guisado vegetariano de verduras, nutritivo y bien barato. Listo en 1 hora y 5 minutos para 4-6 personas. Sabe a cocina de abuela.Ingredientes
Preparación
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Lava, pela y corta todas las verduras en cubos más o menos del mismo tamaño, de unos 2cm. Lo importante es que queden parejas para que se cocinen al mismo ritmo. Deja la patata y el calabacín aparte, que los echaremos más adelante.
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En una cazuela grande o una olla de fondo grueso, calienta las 3 cucharadas de aceite de oliva a fuego medio durante 1 minuto.
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Echa la cebolla picada y sofríe unos 5 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que quede transparente y empiece a dorarse en los bordes. Este sofrito es la base del sabor del guiso, así que no tengas prisa.
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Consejo: Mantén el fuego medio para que la cebolla no se queme; si ves que se dora demasiado rápido, añade un chorrito de caldo y así frenas la cocción.
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Incorpora el ajo picado y el pimiento rojo. Cocina 5 minutos más, removiendo de vez en cuando, hasta que el pimiento esté blandito y ligeramente tostado.
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Agrega el pimentón dulce y el comino, y remueve rápido durante 30 segundos para que las especias se integren y suelten su aroma sin llegar a quemarse.
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Vierte el tomate triturado y cocina 5 minutos a fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que oscurezca y pierda el agua. Verás cómo la mezcla se va poniendo más densa y brillante.
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Añade la zanahoria, la calabaza y las judías verdes. Remueve bien durante 2 minutos para que las verduras se impregnen bien del sofrito.
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Consejo: Rehogar las verduras antes de echar el líquido les sella el sabor y evita que el guiso te quede aguado.
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Vierte el litro de caldo de verduras caliente, mete la hoja de laurel y sube el fuego hasta que el guiso rompa a hervir. Aprovecha para probar de sal y pimienta.
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Cuando rompa el hervor, baja el fuego a medio-bajo, tapa la cazuela y cocina 20 minutos, removiendo cada 5-7 minutos para que no se pegue en el fondo.
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Echa ahora la patata y el calabacín, tapa otra vez y cocina 15 minutos más a fuego suave, hasta que la patata esté tierna al pincharla con un tenedor.
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Consejo: Si te gusta la salsa más espesa, machaca algunos trozos de patata contra la pared de la cazuela con una cuchara de madera y mezcla bien. Truco de toda la vida.
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Incorpora los garbanzos escurridos y cocina 5 minutos más sin tapar, para que el guiso coja cuerpo y los sabores se asienten.
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Retira la hoja de laurel, rectifica la sal si hace falta y deja reposar el guiso 5 minutos fuera del fuego antes de servir. Espolvorea perejil fresco picado por encima.