El gratinado de brócoli y pollo al horno es de esos platos que juntan lo mejor de la cocina de casa con la comodidad de usar una sola fuente. Esta forma de cocinar viene de la tradición del «gratinado» francés, esa técnica de cubrir los alimentos con queso o salsa que se dora a alta temperatura, y el resultado engancha: interior cremoso con una superficie dorada que es difícil de resistir. Con los años, la preparación se coló en los hogares de toda América Latina y España, y cada familia le puso su toque, ya fuera con especias locales o cambiando ingredientes según lo que hubiera por la despensa.
Este plato viene genial para las comidas familiares de mediodía, para las cenas de entre semana cuando te apetece algo reconfortante sin pasar horas en la cocina, o incluso para recibir visitas, porque puedes montarlo con antelación y hornearlo justo antes de sentarte a la mesa. Tiene el mismo espíritu reconfortante de un buen guisado de pollo de los de toda la vida, solo que aquí con una capa dorada de queso por encima. Y hay un detalle que más de uno agradece: si tienes niños en casa que hacen la guerra con las verduras, el brócoli envuelto en salsa cremosa de queso se convierte en algo que los peques piden repetir.
En lo nutricional tampoco se queda corto. El pollo aporta proteínas de calidad, el brócoli trae fibra, vitamina C y antioxidantes, y la salsa de leche y queso suma calcio. Además, como va al horno y no a la sartén bañado en aceite, el resultado es más ligero de lo que parece; una porción bien servida te deja lleno y con una comida bastante completa por sí sola.
En muchas casas este gratinado nació de la necesidad de aprovechar el pollo asado o el brócoli hervido del día anterior. Las abuelas lo tenían clarísimo: unas cuantas cucharadas de bechamel, un puñado de queso rallado y veinte minutos de horno, y los restos se convertían en un plato que parecía recién inventado. Esa es la magia de la cocina de aprovechamiento, que hoy rescatamos con mucho orgullo.
Para servir, lleva el gratinado directo a la mesa en la fuente si es de cerámica bonita, y acompáñalo de arroz blanco, una ensalada verde fresca con vinagreta ligera o pan crujiente para untar en la salsa cremosa. De beber, un vino blanco seco y fresco, como un sauvignon blanc o un chardonnay joven, armoniza de maravilla con la cremosidad del queso; para los más pequeños, un jugo de limón natural con hielo es la opción ganadora.
Las sobras se conservan en un recipiente hermético en el refrigerador hasta 3 días. Para recalentar, mete al horno a 180°C unos 10-15 minutos o calienta porciones individuales en el microondas; si la salsa espesó demasiado, añade un chorrito de leche antes de calentar.
Y este plato admite mil variaciones: puedes cambiar el pollo por champiñones salteados para una versión vegetariana, echar rodajas de chile o unas gotas de salsa picante si te va el picante, usar pavo o jamón en cubos, o incluso mezclar el brócoli con coliflor para un gratinado de verduras más completo. ¡Anímate a probarlo y hacer tuya esta receta!
Gratinado de brócoli y pollo al horno, receta casera y cremosa
Descripción
Gratinado de brócoli y pollo al horno, cremoso y dorado, listo en 1 hora. Un plato casero que le encanta a toda la familia y sin complicaciones.Ingredientes
Preparación
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Precalienta el horno a 200°C con calor arriba y abajo. No te saltes este paso: es lo que hace que el gratinado se dore parejo desde el primer minuto.
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Lava el brócoli y separa los floretes en trozos más o menos del mismo tamaño, así se cocinan parejo. Hiérvelos en agua con sal durante 3-4 minutos, solo hasta que estén tiernos pero aún con firmeza. Escúrrelos bien y resérvalos.
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Consejo: No pases de cocción con el brócoli en este punto, porque terminará de hacerse en el horno. Si queda muy blando, se deshace al gratinar.
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Salpimenta los cubos de pollo. Calienta el aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio-alto y sella el pollo unos 6-7 minutos, moviendo de vez en cuando, hasta que dore por todos lados. Retira y reserva.
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En esa misma sartén, echa la cebolla picada y sofríe unos 5 minutos a fuego medio, hasta que quede transparente. Añade el ajo y cocina 1 minuto más, hasta que suelte su aroma.
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Agrega la mantequilla y, cuando se derrita, echa la harina. Remueve sin parar durante 1-2 minutos para que se cocine bien y no quede sabor a crudo.
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Vierte la leche poco a poco mientras bates con unas varillas, así no se forman grumos. Cuando la mezcla quede homogénea, añade la nata y cocina a fuego medio-bajo unos 4-5 minutos, hasta que la salsa espese y cubra el dorso de una cuchara.
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Condimenta la salsa con la nuez moscada, el pimentón dulce, sal y pimienta. Prueba y ajusta si hace falta; la salsa es el alma de este plato.
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Consejo: Si la salsa te quedó con grumos, pásala rápido por la licuadora o bátela con energía antes de seguir; tiene que quedar lisa y sedosa.
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Met el pollo sellado en la salsa y mezcla bien, para que todos los cubos queden bien cubiertos.
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En una fuente para horno engrasada, reparte los floretes de brócoli como base y vierte encima la mezcla de pollo con salsa, extendiéndola de forma uniforme.
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Cubre toda la superficie con la mozzarella rallada y espolvorea el parmesano por encima, que es el encargado de dar ese dorado intenso tan característico.
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Hornea a 200°C durante 20-25 minutos, hasta que la superficie esté dorada y burbujee en los bordes. Si lo quieres más tostado, enciende el gratinador los últimos 2-3 minutos, pero no te alejes de la puerta del horno.
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Saca del horno y deja reposar 5 minutos antes de servir, para que la salsa se asiente. Decora con perejil fresco picado y sirve caliente.